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sábado, 16 de octubre de 2010

Pesca de marlines y de altura en Lanzarote. Pescamar nº 89 (Agosto 2010)



GIGANTES DESDE EL YATE
Un viaje de turismo a Lanzarote es una ocasión irrepetible para estrenarse en la pesca de altura y, si la suerte acompaña, traer a bordo un gran marlín, túnidos y grandes especies diferentes o ya casi esquilmadas en nuestros litorales peninsulares. Os contamos cómo es un bautizo en esta apasionante especialidad, vista desde el punto de vista de un pescador de orilla.


Texto: José Luis Lago García

Fotografías: “Lanzarote fishing” y autor


Gran parte de los pescadores de caña de ribera han soñado con probar la pesca de altura. Una especialidad que aparentemente está destinada a gente de gran nivel adquisitivo que puede pagarse el capricho de disfrutar de una salida en yate alquilado para la ocasión.

Evidentemente, el sufragio en solitario de este servicio individual está destinado a gente con cartera abultada. Pero como un barco parado en puerto, es una empresa deficitaria, los yates-charter, o servicios de pesca embarcada de alquiler se tienen que adaptar a otro tipo de clientela-la mayoría de los mortales- que no pueden o quieren realizar desembolsos considerables. Por esto que también se imponen las jornadas compartidas, o sea, el consenso de varios pescadores para que entre todos se amorticen los gastos. Los miembros participantes no tienen porqué conocerse, cualquier interesado se puede apuntar. Cuando se cubre un cupo mínimo de solicitantes para una determinada jornada, ya se puede partir a la búsqueda del gran pez.


Estas jornadas en cooperativa tiene una gran ventaja, evidentemente el precio que ronda sobre los 85 euros por persona (variará según la empresa y el número de pescadores a bordo) por unas 6 horas, cuando una salida individual incrementaría este precio por 8 ó 10 veces. La gran desventaja es solo pescará durante un periodo aquel participante que tenga la suerte que su caña asignada tenga una picada, estando el resto de los expedicionarios mirando cómo lo hace.

Para coordinar a todos, y evitar suspicacias, en el barco en el que viajo se hacen unos sorteos de turnos de cañas, por los que únicamente puede tirar del carrete de arrastre aquel afortunado que le coincida en su tanda horario, ya que por cuestiones operativas no puede pescar más de una persona a la vez en la gran silla de hierro. Una rifa previa con unas cartas de baraja, ordena las tandas y las cañas, teniendo que cambiar cada hora de posición. Algunas cañas menos potentes están preparadas para túnidos de tamaño más pequeño, mientras que las grandes para el gran marlín. Todos ansían sentarse en la silla de combate de hierro, con sus cierres y cinturones para aguantar el embiste de estos bellos colosos. Con las capturas de los listados, mediante las cañas pequeñas, se intenta que si hay suerte, varios de los participantes puedan entretenerse con estos pequeños túnidos.

La oferta, o posibilidad de pescar gigantescos marlines, es todo un reclamo irresistible para cualquier pescador, con pesos de hasta 300 kilogramos. Además del marlín, en las aguas que rodean a la isla se pueden capturar según la temporada desde estos yates diferentes tipos de túnidos, escualos, así como piezas increíbles de otras especies como espetones, anjovas, dentones, serviolas, pargos…Se valorará en cada periodo el empleo del curricán costero, jigging o cebo vivo.


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