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sábado, 10 de septiembre de 2011

¡NO TODO VA A SER PESCA EN LA VIDA! ¡La primera vez que llevo un velero grande!

Lo dicho en el titualr: no todo va a ser pesca en la vida. También hay otras actividades de las que disfrutar, y si son el mar mejor que mejor para cualquier pescador.

Me invita mi amigo Antonio Rosales a finales de este agosto 2011 en Pobra do Caramiñal (Coruña) a una clase práctica de vela en su embarcación de 8 metros, y a la vez a llevar este bonito clásico de 1975.

Y puedo certificar de primera mano que no es fácil izar las velas y dejarse arrastrar por el viento. Hay que controlar mucho la dirección de procedencia del viento, vigilar las bateas y rocas para no empotrarse y destrozar el cascarón,y sobre todo vigilar y maniobrar adecuadamente para que la botavara, o el mástil horizontal en el se monta la vela mayor no dé un latigazo que te destroce la cabeza al poner el barco en posición de corriente de aire inadecuada.




Sin duda es todo un placer navegar con el silencio del viento, sin motores que trastornan, sintiendo cómo la naturaleza te lleva por increíbles parajes marinos.


Antonio Rosales, dueño del barco me intruye de la importancia de la dirección del viento mientras vigila la veleta ubicada en la parte superior del mástil.



Te agradezco amigo Antonio la interesante y satisfactoria jornada en esta salida y la lección práctica que me otorgaste

Una experiencia única que recomiendo a todos los amantes del mar pues detrás de un pescador siempre hay un enamorado de la naturaleza marina

Mientras Antonio me hacía la foto en la parte superi0r del barco, la verdad es que al sentirme sólo llevando la caña del timón estaba un poco preocupado pues llevar un velero de este tipo requiere de muchas jornadas de salidas al mar.

3 comentarios:

  1. Mi querido Jose Luis, amigo, ¡cómo me alegro de que te gustase la experiencia marinera de gobernar a la caña un velero!. Es esa la ilusión y la carga sentimental que aportan, por mi lado, un verdadero placer al navegar con este veterano buque de fabricación británica. Es duro, recio, noble, hermoso en sus toscas y rotundas líneas; pero agradecido. Es como un animalillo que te gratifica por tus cuidados. Es bonito sencillamente, el bicho.
    Pues sí, mi gentil tripulante, se notaba en tu mirada ese "aguijón" que te picó...peligrosamente. Y sé que de mar sabes un montón........y que te hechiza.
    Una buena noche, clara y tranquila, veremos juntos Júpiter y sus satélites, Orión, Andrómeda, las Pléyades, y entenderás cómo esa pasión ha hecho sucumbir a tantos en los cantos de sirena...Navegar es aún más impresionante bajo las estrellas, envolviendo a uno en historias de fantasía, nostalgia y sueños...un rato tan irreal como posible...sentirse bajo la creación de una manera muy especial....acaso aún sorprendente....primigenia...

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  2. Querido amigo Antonio.

    Ya te lo dije cuando navegamos: eres todo un poeta, tienes más madera literaria que yo...jajajajajajaja

    Ya estoy deseando volver a tu querido cascarón, noble y recio, ver las estrellas como dices, sentir la brisa de Arosa, casi arañar las bateas, parecer un delfín...vivir el mar que es como un amigo que te ampara pero también te puede herir de muerte. Esta es la nobleza de los marineros y los pescadores enfrentarse a un Dios o un Demonio, nunca sabes qué cara te va mostrar, es como un amor que te tiene enganchado del que nunca te puedes separar.
    Gracias amigo por tu amistad y sabiduría marina.
    J LUIS LAGO

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  3. Decía...que la mar se cubrió de cornudos navegando en busca de unas américas desnuditas a medio camino de Groënlandia; confusos entre tanto chino mandarín, y al ritmo de bacalaos sabrosones y aromas de almeja costera; era ya una pelota redonda y azul para tanto viajero amarillo.

    Y te contaba, amigo, cómo por entonces, y antes de aquel dudoso italiano de la carabela que dió la nota (mucho más lejos en el tiempo) el mar ya era lugar de culto pagano y cochino, donde proliferaban a sus anchas tropeles de barbudos harapientos; carne en golosina para tiburones y otros seres del bestiario.

    Eran aquellos otros tiempos: de leyenda para aquella la Atlántida perdida, sus poseidones narcisistas, y sus caracolas gigantes; mucho antes de que un futuro tenebroso lo llenara de desechos inmundos.

    Todo aquello formó las raices marineras de la humanidad, sentando las bases de cierta cocina contemporánea, para paladares impertinentes, rocambolesca mezcla de crudos e improvisados festejos, en la que me presumo en discutible maestro, arrebatado por el ansia de mis ancestros.

    Creo que de ese pasado tormentoso surge el por qué, para que las fragancias vaporosas de un buen pescado me transporten a desvaríos culinarios creativos, heredero de aquellos bárbaros pestosos, poseido y embriagado por caldos con sabor a cangrejo, salmonetes, perejil y limones, en donde la razón me alucina entre hervores.

    Son momentos en que la olla, sencillamente, se transforma en ese caldero primitivo que acompaña las noches de nuestra historia como especie.


    ANTONIO ROSALES.

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